A veces un solo gesto puede cambiarlo todo, como fue el caso de Soledad Chiolo quien allá por 2014 recibió como regalo un cactus. Nunca imaginó que esa planta pequeña sería la puerta de entrada a una pasión desbordante.
Lo que comenzó como curiosidad pronto se convirtió en colección: su patio de unos 40 metros cuadrados se llenó de macetas, espinas, formas y texturas. En solo dos años ya era un jardín de invierno vivo, un refugio vegetal donde cada ejemplar tenía nombre, historia y cuidado.
En ese entonces trabajaba en el municipio de Saladillo, pero su verdadero sueño era vivir entre plantas. Y cuando la colección comenzó a reproducirse naturalmente, decidió abrir su casa los fines de semana y vender en la puerta. El contacto con la comunidad y la participación en ferias regionales la impulsaron a producir más, aprender más, compartir más.
“Para mi este vivero más que un trabajo es una pasión, de hecho creo que son los jardines del futuro, porque son espacios autosustentables con bajo mantenimiento y los ejemplares soportan bien los diferentes climas que tenemos en nuestra Provincia”, detalló Soledad Chiolo, creadora del espacio.
El punto de inflexión con la pandemia en 2020 la llevó a conectar ventas online. Las redes sociales le dieron visibilidad, los pedidos aumentaron y finalmente dejó su empleo para dedicarse al vivero: El almacén de los cactus y las crasas, que hoy cuenta con más de 1.500 especies.
“Aunque todas las plantas capaces de guardar en su interior agua se las conoce como suculentas, los cactus llaman mucho la atención porque en el momento de la floración siempre sorprenden con su belleza y colores” aseguró Chiolo.
Con el entusiasmo intacto, sueña y planifica visitas guiadas para compartir su recorrido y aprendizaje. Los cactus son mucho más que una planta resistente, enseñan sobre paciencia, perseverancia y resistencia. Los viveros de Escobar y Saladillo recuerdan que incluso en lo pequeño, en lo que crece despacio puede habitar la belleza más poderosa y tal vez por eso los cactus enamoran.


