El poblado de Azcuénaga, perteneciente al municipio de San Andrés de Giles, es una postal de la vida rural bonaerense. Arboledas soñadas, callecitas de tierras, construcciones del siglo pasado y personas de andar cansino y sonrisa amable recorren sus veredas.
El pago gilense tiene restaurantes antiguos en los que se pueden degustar panzottis, canelones, ñoquis y tallarines caseros y -para el postre- pastelitos y buñuelos tradicionales. “La variedad de gastronomía es amplia y para que sea accesible para todos los bolsillos”, Alfonso Ponchion, coordinador de Turismo local.
Uno de los platos más buscados son las carnes asadas. “Siempre surge una buena excusa para comer algo hecho a las brasas”, recomendó. Otro producto típico es la galleta de campo con queso y salame que siempre va acompañada de un mate recién preparado.
Entre aromas a leña, recetas heredadas y mesas compartidas, los destinos turísticos bonaerenses invitan a redescubrir el valor de lo simple. Cada plato cuenta una historia, cada sobremesa guarda una tradición y cada rincón ofrece una manera distinta de vivir el campo.
Viajar por estas pequeñas localidades es también saborear su identidad: una mezcla de memoria, hospitalidad y cocina casera que convierte a la gastronomía en una experiencia para el alma.


