Por estos días, la imposibilidad de reelección de intendentes y concejales por más de dos períodos consecutivos (Ley 14836/2016), hizo dar un giro inesperado en la política institucional casarense, cuando el intendente Walter Torchio decidió ser senador provincial y abandonar su puesto de intendente en la mitad de su mandato.
En efecto, el intendente Torchio será candidato a senador provincial en primer lugar por el oficialismo, cosa que, como se sabe, ya lo coloca como senador, más allá de los resultados electorales que puedan darse. Este es un defecto de la política nacional, porque los primeros puestos en las listas de los partidos mayoritarios siempre hacen concejales, diputados y senadores a sus candidatos a sola firma.
Esta circunstancia institucional se agrava cuando el mismo intendente Torchio el pasado 26 de julio afirmó en conferencia de prensa que pedirá “licencia como Intendente para poder asumir como Senador”, que “No voy a desmantelar el equipo de trabajo […] y me voy a encargar de que eso suceda”.
Traducido, el intendente afirmó que será senador e intendente a la vez (puesto que solo pedirá licencia), que el intendente interino (Daniel Stanik) no podrá elegir su gabinete y, finalmente, que él mismo, desde su banca de senador, se asegurará de que la gestión municipal siga igual, sin modificaciones y bajo sus designios. En palabras futboleras, como le gusta ejemplificar al jefe comunal, Torchio se va de la cancha pero se lleva la pelota.
Pero además, este me voy pero me quedo también coloca a Torchio en la posibilidad de gambetear la ley 14386 y colgarse del art. 1 de anexo único del decreto reglamentario, que establece que la prohibición de reelegir “abarca a quienes habiendo sido reelectos en el mismo cargo para un segundo mandato consecutivo, hayan asumido sus funciones y ejercido por más de dos (2) años, continuos o alternados”. Es decir, Torchio se va antes de cumplir los dos años para poder intentar reelegir en 2023 (Hecha la ley, hecha la trampa)
La duración de los mandatos y su reelección o no, es un viejo tema de debate en la teoría política. Luego de la Revolución Francesa, el plazo de los mandatos fue limitado para evitar la tiranía y los gobiernos personalistas y despóticos. Sin embargo, no todos los republicanos y demócratas estuvieron de acuerdo. Alexander Hamilton, uno de los padres fundadores de la constitución norteamericana, sostenía, por un lado, que la duración fija y prolongada de los mandatos es “necesaria para infundir al funcionario la inclinación y determinación de desempeñar satisfactoriamente su cometido”, es decir para que el funcionario esté tranquilo de que no tiene un plazo pronto de salida y entonces no vea así razones para cometer avivadas, tropelías y atropellos para evitar su retirada. Y por otro lado, que la posibilidad de reelección es “indispensable a fin de permitir al pueblo que prolongue el mandato del referido funcionario, cuando encuentre motivos para aprobar su proceder” (Hamilton, 1788)
Ahora bien, esta exclusión temporal del mandato (art. 1 ley 14836/2016 “no podrán ser elegidos en el mismo cargo, sino con intervalo de un período”), genera, según Hamilton, los siguientes inconvenientes en el comportamiento de los funcionarios: (i) disminuye la posibilidad de que el funcionario actúe correctamente, cuando se da cuenta que debe “renunciar a las ventajas provenientes de un puesto público” y (ii) la exclusión llevaría al funcionario a “entregarse a finalidades mercenarias” y ante el inevitable destino de volver a la nada buscaría “aprovechar una coyuntura favorable para trata de prolongar su poder”.
Ciertamente estos inconvenientes que señala Hamilton se verifican en la conducta del intendente Torchio. Más allá de que el reproche por tales conductas pueda recaer en los actos del mismo Torchio o en la ley que le impide su reelección, cosa que nos lleva directamente al odioso terreno de las valoraciones. Recordemos las críticas del Frente Renovador (ahora integrante del Frente de Todos) a Martín Insaurralde, que luego de asumir en 2013 como diputado nacional con licencia como jefe comunal de Lomas de Zamora, se vio obligado a renunciar a la banca nacional para volver a gobernar su municipio.
De cualquier forma, el pueblo de Carlos Casares en los próximos dos años deberá enfrentar una grave anomalía institucional. Sea porque la municipalidad quede gobernada por un doble comando (uno en La Plata y otro en Casares), sea porque el intendente interino no tenga la legitimidad para ejercer el cargo comunal que solo puede darle el voto, sea porque la candidatura de Torchio se trate una burda maniobra testimonial, o sea probablemente porque la situación de desgobierno genere las lógicas disputas sucesorias de sus funcionarios; lo cierto es que nos espera una crisis de gobernabilidad que solo podrá estabilizar y evitar la nueva conformación del Concejo Deliberante.
Y es en este punto donde las próximas elecciones devienen cruciales y determinantes, puesto que los próximos concejales deberán contar con la suficiente inteligencia e idoneidad para conformar un Concejo Deliberante que sea garante de la gobernabilidad municipal, cosa que los candidatos a concejales del Frente de Todos parecen no poder asegurar: los dos primeros de la lista son candidatos testimoniales, que deberán volver a sus puestos de funcionarios, ya que, como aseguró el mismo Torchio, no desmantelará el equipo de trabajo.
En los últimos cuatro años el ámbito deliberante permaneció prácticamente inactivo. Pero los próximos dos años deberán tomar las riendas políticas que aseguren a los casarenses las soluciones pendientes en materia de salud, vivienda, educación, salarios de empleados municipales; en atender la demanda de los comerciantes e industriales asfixiados por la actual situación económica, para que encuentren una salida sostenida en sus emprendimientos que transformen a los planes sociales en trabajos registrados.
En los próximos meses el pueblo de Carlos Casares tiene la palabra, y en los próximos dos años los nuevos integrantes del Honorable Concejo Deliberante tendrán la responsabilidad de garantizar una gestión en el marco de una seria crisis de gobernabilidad.
Sergio Carciofi
Precandidato a senador provincial por Vamos Con Vos


